lunes, 21 de marzo de 2016

Cuando deja de ser una actividad para pasar a formar parte de tu vida

Hace 4 veranos un grupo de 8 amigos fuimos a Chile para realizar un voluntariado internacional. El proyecto lo organizaba "Techo" - una gran ONG presente en toda Sudamérica - y consistía en construir casas para familias que carecían de una vivienda digna o vivían en condiciones de pobreza extrema. Fue una labor durísima pero a la vez preciosa puesto que la familia colaboraba con nosotros y compartíamos con ellos las 12 horas que estábamos construyendo su futura casa. 

Construcción en Techo, Tierra Amarilla
Unas semanas antes de partir a Tierra Amarilla, lugar donde construiríamos, (cerca del desierto de Atacama - ¡el desierto más árido del mundo!), tuvimos la suerte de colaborar con otra organización, el Hogar de Cristo, que contaba un albergue para hombres sin hogar y drogodependientes en Santiago de Chile. La verdad que esa experiencia fue bastante más dura - emocionalmente - que la de construir dos casas en 15 días. Chile es uno de los países más ricos de sudamérica, sin embargo, también es el que más desigualdad presenta entre sus habitantes. A medida que salías del centro de la ciudad, la situación era más y más decadente... Campamentos, barrios marginales, drogas, familias sin techo...

Nuestro trabajo en el albergue consistía en ayudar con la cena, repartir mantas, preparar camas... pero también les acompañábamos. Jugábamos a juegos con ellos, charlábamos sobre cómo era España, sobre lo que les gustaba hacer, sobre su situación... Con el paso de los días, el miedo y la inseguridad que teníamos en el cuerpo dieron paso al cariño y al aprecio. Al cabo de una semana ya nos conocíamos bien y no queríamos dejar de ir a verles. Aparte de ayudar en el albergue, hacíamos unas rutas en una furgoneta por barrios marginales y llevábamos comida caliente a las personas que lo necesitaban. Recuerdo lo impactante que era acercarse a toda aquella gente y la inseguridad que sentíamos antes de bajarnos de la furgoneta, pero también recuerdo que al final, los ocho amigos nos acabamos peleando para poder salir de ruta. Nos enganchaba. Ellos nos enganchaban.

Y ahí empezó lo que yo definiría como mi nueva adicción. Un voluntariado internacional es una experiencia increíble que, en mi opinión, aporta más al voluntario que a las personas a las que se ayuda. En mi caso, ir a Chile fue el detonante que hizo que me diera cuenta de que irse miles de kilómetros para ayudar es bonito, pero que lo es mucho más cuando también ayudas a las personas que están a medio metro de tí.

Y entonces, encontré Bokatas, una ONG que precisamente hacía lo que habíamos vivido en Chile: acompañaba a personas sin hogar. Casualmente, también hacían rutas - no por barrios marginales y peligrosos, sino por los barrios por donde nosotros pasamos todos los días -. A través del bocadillo como excusa, se acercaban a estas olvidadas personas.

La "suite" de un amigo, según él
Desde entonces, puedo decir que mi vida ha pegado un gran cambio. No sólo he dejado atrás los prejuicios que muchas veces tenemos hacia este colectivo (las personas sin hogar no quieren trabajar, no se quieren duchar, están siempre borrachos...) y la ignorancia hacia su persona (pasar por su lado sin ni siquiera mirarles a la cara), sino que también he aprendido cosas nuevas y he conocido personas que nunca olvidaré.

Después de un día que creemos que ha sido duro, pasar las últimas horas del día con ellos hace que te olvides de todo y que te des cuenta de que eso "tan importante" que te preocupaba no lo era tanto. Y es que, a pesar de las circunstancias en las que viven, no todos se quejan de su situación. Pocos están deprimidos y me atrevería incluso a decir, que pocos viven infelices. La mayoría te recibe con una sonrisa de oreja, con comentarios positivos... digamos que te recargan las pilas. Llegas de una manera y te marchas de otra.

Pero conocer a estas maravillosas personas no sólo merece la pena para aprender a valorar las pequeñas cosas que hay en tu vida - que también - sino por las inquietudes, ideas y preocupaciones que transmiten y comparten contigo.

Muchos no necesitan el bocadillo, sino conversación, un apoyo, un interés hacia su persona. Pero en realidad, son ellos los que se preocupan por tí. 

Te esperan hasta que termines de organizar las rutas aunque sólo sea para hablar 2 minutos, se interesan por tu salud -como hace Anika, una mujer rumana que desde que le conté que tenía problemas de espalda, me pregunta casi todos los días qué tal estoy- , se acuerdan de tus exámenes, como hace Jose cuando nos espera con su carrito de kilos y kilos de chatarra. Te lanzan piropos incluso cuando tienes ojeras y no sólo se acuerdan de tu cumpleaños sino también del de tu madre, como hizo Chema. Te preguntan qué te parece la alineación del último partido del R. Madrid, o lo que hace Basilio, que le habla a todo el barrio de tí como si fueras a ser la futura presidenta de España. También hay otros como Alvarito, que es uno de los que le han ganado la lucha a la calle. A pesar de que el diminutivo de su nombre le hace parecer pequeño, tiene un corazón gigante. Él es de esas personas detallistas que te intentan sorprender cuando menos te lo esperas y esta entrada es para él, porque me anima para que "a pesar de mi atareada agenda" saque algo de tiempo para actualizar el blog. Gracias. Podría seguir hablando de personas especiales que he conocido estos últimos años... pero esto es todo por hoy.

Como véis, este voluntariado ha dejado de ser una actividad para pasar a formar parte de mi día a día. Es algo que te cala por dentro y que te hace ver que la dignidad de las personas es posiblemente, el valor más importante que tenemos. No importa de donde seas, en qué creas, de qué color seas o dónde vivas, que ningún ser humano será menos digno que otro. Desgraciadamente, en la práctica esto no es así... Pero si soy capaz de conseguir que tan sólo mis amigos y mi familia cambien su forma de ver y tratar a estas personas, creo que he ganado bastante.

Esta es la explicación de tanta intensidad y reivindicación en mi vida y en las redes sociales durante los últimos años y es algo que me mueve por dentro...

Y a tí, ¿qué es lo que te mueve? ¡A por ello!

Para acabar, creo que una de las cosas que más me llama la atención es ver cómo nos mira la gente cuando nos ve hablar con ellos, abrazarles, apoyarles... Muchos parecen sorprendidos, otros te ignoran y la mayoría, se gira varias veces mientras andan como si no dieran crédito a lo que ven. Y yo...yo sonrío no sólo porque me siento como una heroína, sino porque me siento feliz de no avergonzarme ni un sólo segundo de poder contar con su compañía. Es más, ¡me siento orgullosa!

Gracias a Bokatas por darme tanto, a mis compañeros y ya amigos, los voluntarios, pero sobre todo, a todas las personas sin hogar que me de una manera u otra, me sacan cientos de sonrisas.

También a mi familia y amigas que me soportan todo el día con mi lucha particular y por supuesto, gracias a Chile, por abrirme los ojos.

Como decía Cervantes en palabras de Don Quijote:
"las sensaciones más gratas son la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén"

lunes, 29 de febrero de 2016

Desmintiendo clichés: ¿son todas las personas sin hogar alcohólicas?

Publicado en: http://bokatas.org/desmintiendo-cliches/

Mucha gente piensa e incluso afirma que “todas las personas sin hogar son alcohólicas”, sin embargo, la realidad es muy distinta.


El sinhogarismo no comienza con un cartón de vino ni con varias cervezas. El sinhogarismo se da a raíz de una serie de circunstancias que golpean la vida de quienes las sufren, de manera que en un periodo relativamente corto de tiempo, dichas personas se ven obligados a acabar en la calle.

Así, empresarios, trabajadores, padres y madres de familia, solteros, o lo que es lo mismo, personas con diferentes perfiles, se ven sin un techo donde cubrir su necesidades primarias: higiene, alimento, seguridad… Y sobre todo, su dignidad.

Vivir en la calle degrada la dignidad de las personas poco a poco y desalienta para seguir adelante. Veamos dos ejemplos muy gráficos:

Si alguno de nosotros tiene un mal día, sabe que llegará a su casa, se dará una ducha caliente, abrirá la nevera para tomar algo y se acostará en una cama. Incluso puede que haya alguien querido esperándonos, alguien que nos apoye en esos momentos malos. Afrontaremos los problemas de una manera relativamente fácil. Pensaremos: “mañana será un día nuevo”.

Pues bien, una persona sin hogar en la misma situación, llegará a su rinconcito oscuro y frío, comerá lo que haya conseguido durante el día, intentará asearse en los baños de alguna gasolinera, y preparará sus mantas para acostarse encima de unos cartones compartiendo lecho con una compañera incondicional: la soledad. Pensará: “mañana…mañana ya se verá”.

Una vez sentado lo anterior, es sencillo imaginar las diferencias que surgen para superar las adversidades entre el primer supuesto y el segundo. No es lo mismo aliviar tus preocupaciones cuando te sientes seguro, limpio y acompañado, que cuando te encuentras sólo, sin asear y sin recursos. Por tanto, mentiríamos al negar que el alcohol juega un papel importante en la vida de las personas sin hogar – sobre todo, para aquellas que llevan años en tal situación -. El alcohol puede ser el amigo que les falta. El alcohol puede ser el calor que necesitan. La manera de olvidar los problemas, de no pensar…

Sin embargo, lo que está claro es que el alcoholismo no es ni mucho menos la causa por la que estas personas se encuentran en la calle y que el consumo se debe principalmente a la necesidad de evadir los problemas y de cubrir las necesidades que no pueden satisfacer. El alcohol es por tanto, una consecuencia derivada de la situación de calle.

Fuente: Encuesta a personas sin hogar. INE, 2012.

Dicho todo esto, la gran mayoría de las personas sin hogar a las que acompañamos consumen el mismo alcohol que una persona adulta en condiciones normales. Un partido de fútbol, una celebración… Lo normal. Y es que a pesar de la precaria situación en la que viven, muchísimas de estas personas aún tienen fuerzas para seguir luchando por su dignidad por otros medios: muchos pasan el día en bibliotecas públicas, otros tantos se dedican a hacer recados a los vecinos del barrio, bastantes buscan los medios para conseguir un trabajo o algo que les proporcione alimento…

En este sentido, la encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2012, afirma que el 86,4% de las personas sin hogar encuestadas no consumen alcohol o lo hacen ligeramente. Solo un 4,1% de personas manifiesta un consumo alto o excesivo de alcohol (Ver: http://www.ine.es/prensa/np761.pdf )

Si empezásemos a escribir los nombres de los sin techo que no beben, la listaría sería extensa. Si escribiésemos los nombres de las personas que se beben varias cervezas al día – teniendo en cuenta el frío que se pasa en invierno – también sería larga. Pero… ¿cuántas cervezas/copas de vino bebe una persona cualquiera al día?

Sí. El alcohol forma parte de la vida de muchas personas sin hogar, pero en ciertos casos, del mismo modo que forma parte de la nuestra. No generalicemos sin conocer la realidad y sobre todo, sin entender las circunstancias.

“¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.”
Albert Einstein

domingo, 8 de noviembre de 2015

Crítico, exigente, inconformista... llámalo como quieras.

Llevo mucho tiempo queriendo escribir, pero no encuentro tiempo ni suficiente motivación. Sin embargo alguien me mencionó una frase de Picasso que dice que la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando...  Así que aquí estoy, intentando trabajar para que la inspiración me encuentre cuanto antes. 

Últimamente me estoy dando cuenta de que me quejo de muchas cosas.

La política me desconcierta, me enerva y me hace plantearme qué estamos haciendo con nuestro país, y sí, hablo mucho sobre ello. Me parece que los recursos sociales son escasos y discuto cuando la gente me dice que no entienden por qué las personas sin hogar no se van a un albergue... (Sobre esto escribiré próximamente).

Creo que la educación está decayendo cada vez más rápido y que nos han metido en la cabeza -en general-  que lo importante son las notas y que sin matrículas de honor no hay éxito. Además, soy exigente cuando hablo de mis profesores, creo que si nos exigen, nosotros también podemos pedir una mínima diligencia.

Sí, soy de las que considera injusto que no te sirvan agua gratis en los restaurantes, y sí, "peleo" para que me la sirvan (como dice mi madre, el cliente siempre tiene la razón) e incluso pongo reclamaciones aunque mis amigas me rueguen que no lo haga. Salto muy a menudo cuando veo que alguien se aprovecha de otra persona, eso sí, intentando ser asertiva como ya expliqué en otra entrada. Suelo discutir (y bastante) con los que cuestionan que se puede salir de fiesta sin beber y con todos aquellos que creen que vender las copas dentro de la discoteca es de gente aburrida.

En fin, el caso es que rebato todo aquello que no me parece justo o bueno y que exteriorizo mucho mis sentimientos de frustración. A raíz de esto alguna vez me han dicho que soy demasiado exigente... Y es que es interesante el efecto que crea la gente en tí cuando te dice lo que piensan. Entonces, te planteas si realmente está bien eso de criticar todo lo que te molesta. ¿Quizás soy muy exquisita? ¿Quizás soy exagerada? 

Bueno, pues he llegado a la conclusión de que cada persona es un mundo. Cada uno tenemos unas aspiraciones diferentes a las del resto de la gente y por tanto, cada cual considera importantes cosas muy distintas. Cada persona es única y a mis ojos, eso hace que sea legítimo luchar por lo que se cree que es adecuado. Si no fuera así, y todos nos conformásemos con cualquier cosa que no nos parece bien... ¿¡qué sería de este mundo!?

Si no luchas por tus propias ideas, ¿quién lo va a hacer?

Pues sí, la conclusión es que soy inconformista con lo que no considero adecuado y no me avergüenzo... aunque sea a pequeña escala, lucho -por ahora a pequeña escala- por defender mis ideas y espero que siempre sea así.

Sólo digo una cosa más:
“Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo” (Eduardo Galeano)


Suena: 

Wait - M83



The story of the impossible - Peter Von Poehl




martes, 26 de mayo de 2015

Asertividad

asertivo, va.

(De aserto).

1. adj. afirmativo.

Cuando buscamos en el diccionario de la Real Academia Española la definición de asertividad, no encontramos ningún resultado. Parece que tenemos más suerte si buscamos asertivo, que se define como "afirmativo". 

En esta situación me encontraba cuando durante una clase de Liderazgo tratamos el tema de la comunicación efectiva, y en concreto: la asertividad, la empatía y la escucha activa.

Cuando escuché que íbamos a trabajar con la asertividad, me di cuenta de que no sabía exactamente en qué consistía dicha cualidad. Me dio un poco de vergüenza, la verdad, así que busqué rápidamente en el ordenador la definición exacta, y descubrí que no existía.  Me puse a escuchar, decidida a aprender por fin en qué consistía aquella asertividad de la que mucha gente habla, y la verdad es que esa fue una de las clases más útiles de la carrera, no sólo para mis estudios o carrera profesional, si no para la vida en general.

Por eso quiero compartirla aquí, para todos los que como me pasó a mí, tengan un concepto vago de la asertividad y quieran saber concretamente en qué consiste y lo esencial que es entrenarla a diario.

Para comenzar, voy a plantear varios supuestos, quizás alguien se sienta identificado con alguna situación:


  • Cuando hay divergencia de opiniones, ¿sueles no opinar para evitar conflictos o por el contrario, buscas tener la razón sin tener en cuenta las ideas de los demás?
  • Cuando quieres algo, ¿te dejas llevar o manipulas sutilmente para conseguir tus objetivos
  • Cuanto te hacen un cumplido, ¿quitas importancia a tu mérito o alardeas de los resultados conseguidos?
  • Cuando te piden algo, ¿dices que sí para evitar situaciones incómodas o directamente contestas lo que te viene a la cabeza aunque sea negativo?


Tanto si te has decantado por uno u otro extremo, no estás siendo todo lo asertivo que podrías ser. Es decir, a veces tendemos a huir del problema o de la situación que nos incomoda. Queremos agradar al otro para que no se ofenda, por vergüenza, por miedo a generar tensión... En definitiva, evitamos ser sinceros y hacer "daño" a la otra persona. Algún ejemplo de esto sería decidir hacer algo voluntariamente, pero interiormente quejarse por haberlo hecho, o realizar el trabajo de otros por no pedir que te ayuden a hacerlo y algunas veces, además, recriminar. También consiste en poner excusas.

Otras veces, solemos actuar de manera agresiva, y en vez de ponernos en la situación del otro, nos movemos por nuestros intereses y en algunas ocasiones, ante peticiones o sugerencias, contestamos de manera violenta o como si estuviésemos a la defensiva todo el tiempo. De nuevo, ejemplos de esto serían pedir a alguien algo de manera brusca o echar en cara y regañar a la persona que no realiza su trabajo adecuadamente.

Ni una opción ni la otra son adecuadas para comunicar efectivamente lo que quieres, pues no quedas completamente satisfecho, ninguna de las dos alternativas te deja estar tranquilo contigo mismo: o te arrepientes o estás preocupado (huída) o llega un momento en el que explotas (agresividad). 

Por tanto, la asertividad se encontraría en un punto medio, y se podría definir como la capacidad o habilidad de afirmar nuestra posición manifestándonos sensibles a las necesidades de los demás. Esto es, capacidad de poner límites ejerciendo nuestros derechos y respetando los de los demás. La asertividad se sustenta en la seguridad de las personas, por lo que es necesario practicarla, porque cuanto menos lo hacemos, más inseguros nos sentimos, de una forma o de otra.

Aunque parezca una tontería, creo que a casi todo el mundo le pasa que cuando nos piden algo, tendemos a buscar excusas: "Ahora no te puedo llamar", "No estoy en casa", "No lo encuentro", "Cuando acabe exámenes te llamo"... O cuando queremos pedir algo, andamos con mil rodeos por temor a lo que piense el otro. O cuando queremos decir ciertas cosas, lo hacemos sin ningún tipo de tacto. Pues bueno, es indescriptible lo bien que se siente uno cuando dice las cosas clara y directamente, sin temor, sin vergüenza, con sutileza y de manera respetuosa. También el hecho de querer intentar agradar a todo el mundo con nuestras actuaciones debería cambiar para poder sentirnos más a gusto en las relaciones con los demás.

Como veis, al final esta palabra tan rara no es más que actuar coherentemente con nuestras ideas y nuestras sensaciones, sin olvidarnos de los demás. Consiste en ser sincero, en ser uno mismo. Para ello, lo primero que hay que hacer es darse cuenta de que estás incómodo, en un extremo (huida) u otro (agresividad), y practicar a decir las cosas que realmente queremos decir. Esto que parece tan sencillo y básico, en realidad es una tarea difícil de realizar, os animo a probarlo. 

Finalmente, la razón por la que he decidido escribir sobre este tema es porque creo que es necesario usar la asertividad en nuestro día a día (en el trabajo, en casa, con nuestros amigos, en las parejas...). Al fin y al cabo, detrás esta palabra tan desconocida, se esconde un significado y unas consecuencias que deberían ser esenciales en nuestra vida, pues somos seres sociales, y para vivir en sociedad, necesitamos actuar según nuestro criterio pero siempre respetando a los demás. De otra manera, caeríamos en la falsedad, la mala educación, seríamos individuos sin personalidad... Muchas veces no estamos satisfechos con nosotros mismos porque hay algo que nos preocupa y no sabemos cómo gestionar el problema. La realidad es que, mejorar o cambiar una situación está al alcance de nuestras palabras y sólo hace falta un poco de seguridad para conseguirlo.

Si todo el mundo fuera asertivo, las personas vivirían más tranquilas y sin ningún motivo superfluo por el que preocuparse.




martes, 22 de julio de 2014

Que no nos engañen

Hace unos días me metí en la página web de una famosa marca de ropa femenina. Quería mirar los precios de algunas prendas, y si encontraba algo interesante, tenía pensado comprarlo. Mientras ojeaba los bikinis, resultaba casi imposible no fijarme en los cuerpos perfectos de las modelos. Delgadas, pero con curvas. Chicas atractivas. Podrán gustarnos más o menos, y posiblemente tengan algo de photoshop, pero es innegable que tienen cuerpos bonitos.

Ahora bien, ¿qué es un cuerpo bonito?

Hace siglos, las mujeres más atractivas eran las más pálidas y rellenitas. Hoy, la talla 90-60-90 y un buen bronceado son los objetivos de muchas mujeres, sobre todo, los de las más jóvenes. Por tanto, y sin entrar a valorar si la nueva tendencia es buena o mala, está claro que ahora nos gustan más los cuerpos esbeltos y deportivos. Por ello, parece lógico que las marcas expongan sus productos sobre personas atractivas.


Volviendo a mi búsqueda en la página web, me encontraba alabando mentalmente los cuerpos de algunas de las modelos, cuando de repente empecé a ver otros no tan agradables. Entonces hice una pequeña búsqueda por todas las prendas en las que se podía apreciar el cuerpo de las chicas. Deduje que en realidad había dos modelos, quizás tres, que se repetían. Una normal, de las atractivas, y otra que parecía que no había comido en meses. Al principio pensaba que me había equivocado de tienda online. Sin embargo, no me confundía, estaba en una de las marcas más conocidas de España. Una tienda en donde todas mis amigas compran ropa interior y ropa de baño. Donde miles de adolescentes entran todos los días a mirar. En definitiva, una tienda que debería cuidar a sus clientes. ¿No es así? Todos los negocios del mundo, si no tratan bien a sus clientes, les pierden, y por eso intentan satisfacerles al máximo. Pero no. No sólo las tallas que hacen no se corresponden con las reales, sino que además quieren hacer sus productos más atractivos colocándolos en personas que a primera vista, no parecen sanas.

No voy a entrar a hablar de la anorexia, la bulimia, los problemas de seguridad… Todos sabemos lo graves que son estas enfermedades actualmente, e imagino y quiero pensar que las personas que seleccionan a las modelos, también. El objetivo de este artículo es intentar acabar con estos pequeños detalles que a muchas se nos pasan por alto, pero que a otras les cuesta mucho más que el precio del bikini en cuestión.

Cuando vi las fotos de esta pobre chica exhibiendo su cuerpo por distintas secciones, como si fuera la cosa más normal del mundo, se me quitaron las ganas de comprar nada. De hecho, me sentí realmente mal. No podía entender qué tipo de estrategia de marketing era aquella, así que decidí quejarme al servicio de atención al cliente. Es posible que el email que envíe nunca llegue a quienes idearon esta estrategia. Me han contestado con un correo estándar de ¨disculpas¨, algo que me parece impersonal y que no resuelve mi petición de eliminar las fotos de la página web.

Pero esto es como todo. Nos quejamos de los programas del corazón, pero tienen éxito. Si no hubiera telespectadores no habría tele basura. Si no hubiera clientes indiferentes, no habría publicidad dañina. No digo que dejemos de comprar en estas tiendas, pero por lo menos, hagámosles saber que se han equivocado, que podrán enseñarnos cuerpos bonitos, pero que no nos pueden engañar. Si estas tiendas, cada día recibieran varios correos de quejas, estoy segura de que reaccionarían.

No actúes de manera indiferente. Si no lo haces por ti ni por el sentido común, hazlo por todas las niñas que creen que un cuerpo bonito y normal es aquel en el que se notan más los huesos.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Recicla tu día

El otro día iba en el metro después de una mañana intensa en la universidad.  La tarde venía cargada de cosas y los ojos se me cerraban. Como siempre, el ambiente del metro era silencioso y más deprimente que divertido. De repente entró una chica, me sonrió, me dijo hola y durante todo su trayecto se puso a cantar y a bailar la música que escuchaba a través de sus cascos. Tenía síndrome de Down y me alegró el día. Todo lo que duró mi viaje, estuve riéndome casi en alto de ver la alegría que la chica transmitía a todos los que estábamos en el vagón.

Igual me pasa cuando llego a ver a mis niños de escuelas deportivas y al ver mi cara de "flexo" alguno me dice: "qué guapa eres Cristi". También cuando les digo que soy novia de Cristiano Ronaldo y me preguntan si los pendientes que lleva, son míos. O la felicidad que te da cuando te pones un abrigo y encuentras en uno de los bolsillos, un billete de 10 euros o aquella pulsera que llevabas tiempo pensando que estaba perdida. O cuando recibes un mensaje inesperado de algún amigo de esos que siempre dices que quieres ver, pero que nunca acabas llamando...

Qué alegría da hacerte amiga de una persona sin hogar y que te diga que se levanta feliz todos los días sólo porque está vivo. Qué sonrisilla entra cuando un profesor te cuenta cosas de sus hijos (como si los profesores no fueran personas normales) o cuando le cedes el sitio a una persona mayor, y te mira admirada como si los jóvenes no pudieran hacer tal cosa. Qué felicidad da meterse en la cama pensando en lo que vas a desayunar al día siguiente (sobre todo si es algo rico) y levantarte sabiendo que vas a ver a la persona que te gusta. Lo satisfactorio que es devolver algo que te has encontrado por la calle, o encontrar en el armario algo que jurabas a tu madre que no estaba ahí. Cuando recibes una carta escrita de puño y letra o  revelas unas fotos con cámaras antiguas, y te alegras porque no te acordabas de qué habías fotografiado. Una de las mejores sensaciones del mundo es el momento en el que el avión aterriza y ya estás a salvo o cuando acabas cuatro semanas de exámenes y te sientes rara porque no sabes qué hacer. Cuando consigues hacer las cookies perfectas y la gente te recuerda que tienes que volver a cocinarlas pronto…

Podría seguir escribiendo sobre las cosas que me sacan una sonrisa, pero  ya ha sido suficiente por hoy, demasiadas palabras sobre mí. El caso es que llevo mucho tiempo sin encontrar una fuente de inspiración – normalmente son las injusticias y enfados las cosas que me motivan – y mi amiga del metro me encendió la bombilla. No es una idea genial, ni mucho menos es lo mejor que voy a escribir, pero hizo que me diera cuenta de que muchas veces parece que la felicidad es absoluta, y sólo la conseguimos con cosas que consideramos importantes. O tienes un buen día y estás contento o no. En cuanto escuchas un comentario desafortunado, tienes demasiado trabajo o tienes algún problemilla, te "desinflas". Es decir, hay pequeños acontecimientos en la vida de toda persona que nos agobian y muchas veces nos hacen perder el día pensando precisamente que “ bueno, hoy es un día malo” y en realidad, pasan pequeñas cosas a nuestro lado, que no tenemos en cuenta y no se convierten en “pluses de felicidad” que reciclen nuestro "mal día"

Te agobias y vas corriendo a los sitios, pero no ves que la mayoría de la gente va feliz y tranquila por la calle. Te sientes ignorado y sólo, pero no ves que le importas a mucha gente que tiene buenos gestos hacia ti. Crees que te cuesta hacer algo más que a los demás, y hay personas discapacitadas que están aprendiendo a manejarse en su día a día para integrarse mejor en la sociedad. La vida está llena de pequeños detalles que la hacen más alegre o que compensan los malos momentos, ¡sólo tenemos que fijarnos! Todo lo que te saque una sonrisa, atrápalo y recuérdalo cuando tengas un día regular.

A mí siempre me ha dado vergüenza silbar en público cuando voy sola por la calle. Cuando oía a alguien silbando la melodía de una canción, le miraba maravillada. Esa persona me parecía alguien feliz, tranquila, alguien "crack". Quizás me equivocaba, pero lo parecía.

Desde hace unos meses cuando voy relativamente sola – para no molestar y porque me da un poco de vergüenza, en realidad – si me apetece silbar, lo hago muy fuerte. Por cierto, casi siempre es el Canon de Pachelbel, que me encanta y es fácil.


Todos me miran, alucinados. Os lo recomiendo.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Navidad o vacaciones de invierno

Hace ya varios años que me hago las mismas preguntas cuando llega el mes de diciembre. Y es que sales a la calle y está todo decorado, iluminado, las tiendas a hasta arriba, y todo el mundo te felicita la Navidad. Es Navidad, claro. Por eso todo el mundo compra regalos, esta contento, gasta dinero y se pasea por las calles de Madrid para ver las luces, ¡para celebrar que el Niño Jesús nació en Belén un día en diciembre!



Pero no. No es así, porque la gente a día de hoy tiene una percepción distinta respecto de la Navidad: personas ateas o agnósticas ( que no tienen por qué estar celebrando una fiesta religiosa, lo cual es totalmente respetable) y personas como muchos de nosotros, cristianos, que tampoco solemos acordarnos de lo qué pasa cuando llega la Navidad.

La verdad es que nadie es culpable de que nos bombardeen con anuncios y con marcas, o de estar estudiando exámenes finales este mes, o incluso que de que no seamos conscientes del por qué de que nos den vacaciones. Tenemos muchas cosas alrededor que hacen que nos despistemos, y no pasa nada.

Pero lo que yo me pregunto es, ¿qué siente la gente en estas fechas? Porque yo por lo menos, creo que es un poco paradójico que se celebre una fiesta así, y que no tenga a penas sustancia. Me siento un poco ridícula rodeada de tanto materialismo (del que al final participo). Quizás deberían cambiar el nombre y llamar a las Navidades ”vacaciones de invierno” o algo así, porque en realidad a veces es lo que parecen.

Ahora voy por la calle y me replanteo qué es la Navidad para mi. Y no se cuál es la mejor respuesta ni la peor, y desde luego que tampoco se cuál es la más adecuada para todos. Yo no soy nadie para decir como tiene que vivir esto, pero si le gustaría dar un consejo. Creo que para dar algo de sentido a tanta luz, a tanto comercio a tanta supuesta ilusión , independientemente de sí somos o no cristianos, habría que creer, como alguien me dijo una vez, en las personas.

Desde luego que animo a todos los cristianos a que pensemos en algún momento en el por qué de todas estas celebraciones, ojalá todos lo hiciéramos durante unos minutos. Pero lo que de verdad sugiero a todo el mundo, es que comencemos a hacer de estos días, momentos de amor, paz, solidaridad, perdón… Estos valores no conocen de religiones, de razas o discriminaciones. Ya que no podemos compartir una misma religión, compartamos un sentimiento.

A lo mejor es un buen momento para perdonar a un padre o a un hijo, para arrepentirse de algo, para llamar a un hermano del que no sabes nada o simplemente para sonreír a un mendigo. Creamos en las personas al menos, en nosotros mismos y en los demás. A lo mejor así podemos seguir viviendo la Navidad y no unas simples vacaciones de invierno.